Mi simple vida

Capítulo 1.

Julio, 2014.

Es verano. Estoy deseando llegar a mi ciudad solo para decirle que le quiero ver, quedar por fin con él.

Ayer soñé con él y aunque esté con ella no me importa, yo solo quiero verle cara a cara, mirar sus ojos, sus labios, saber cómo huele. Quiero que él sea el primero en mi vida. El primero en todo. Soy ansiosa y no lo escondo.

Todo este tiempo hablando con él para mi es importante. Significa que le importo, que tiene ganas de estar conmigo. Él empezó todo esto.


Primavera, 2013.

El chico que me gusta me acaba de pasar un papelito con un mensaje. Yo, sorprendida en medio de clase, la leo con disimulo para evitar que el profesor me vea. No me esperaba que me dijese tal cosa: "¿Te haces dedos?". Tengo 12 años y ni si quiera he besado a un chico ni en la mejilla, cómo pretende que voy a saber qué significa eso. Después de una detallada explicación le sigo el juego. No sé por qué, pero me gusta, son cosas nuevas que nunca había llegado a imaginar y vienen del chico que siempre me ha gustado. El profesor decide ponerme en la última fila sin nadie para evitar que siga hablando con mis amigos. Aún así él sigue mandándome mensajes, ahora através de una amiga. Cada vez estoy más nerviosa por lo que podrá decir en el siguiente papel. "¿Te vienes esta tarde a echarnos una pro a mi casa?". A saber qué es eso de una pro, pero aún así, acepto.

Llego a mi casa y enciendo el ordenador. Sonrío. Es él. Me recuerda el encuentro que hemos pactado para esa misma tarde y me vuelvo a poner nerviosa. Algo pasa dentro de mi, me siento rara, me siento feliz. Me dan escalofríos en la cabeza como si alguien me estuviera soplando por detrás. El estómago me va a explotar de la sensación que tengo y me encuentro con unas ganas inmensas de ir al baño. No sé que me pasa.

Quedo con mi mejor amiga para no ir sola y se lo cuento. Ella me dice que tenga cuidado con él ya que este tiene una mala fama. Yo ciega insisto en que tengo que ir con él. Eso es lo que quiero.

Algo me ocurre, me siento sucia al querer ir allí, ¿y si me hace algo?, ¿y si se lo cuenta a todo el mundo? Miles de preguntas me invaden la cabeza y no soy capaz de avanzar. No soy capaz. No soy capaz. No lo soy.

Miro en la dirección en la que está su casa esperando algo que ni sé qué es. Miro, miro por última vez antes de decirle a mi amiga que no puedo hacerlo, que no tengo el valor de ir, que tengo miedo. Sí, eso es lo que me pasa, tengo miedo.


[...]


Lunes. Maldito lunes, todo el finde semana esperando que se pare el tiempo para que no llegara este día. Pero todo llega, y hoy estoy aquí, esperando a que se termine el día, la semana, el mes, el curso entero y no volver a verlo.

Le veo llegar a clase y desvío la mirada. No puedo moverme de mi sitio, no quiero moverme.


Pasan las semanas y no he vuelto a hablar con él. Por una parte me alivia que no me hable, no quiero que me pida explicaciones. Otra parte de mí se cuestiona el por qué no me ha preguntado nada, ¿le importaré?, no sé, estoy confusa.


No se en que día estoy, los días pasan y no me doy ni cuenta. Acaban de echarlo al pasillo por hablar. Creo que es un buen momento para hablar con él. Comienzo a hablar y a reirme en voz alta hasta que el profesor me manda al pasillo. "Misión cumplida" pienso, a la vez que me empiezan a aparecer los nervios.

Salgo, me mira y se ríe. Me siento en el suelo en frente de él. Nadie habla y el tiempo se acaba. De repente me doy cuenta que me está mirando. "No viniste, te rajaste." dice. Yo intentando disimular la euforia del hecho que me hablase, le explico que yo no fui la que escribí en el chat sino mi hermana. Él se ríe y repite "Te rajaste, eres una rajada". No volví a hablar más con él.





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